Dentro de doscientos años estaremos muertos nosotros y nuestros asesinos. Los gusanos a los que alimentamos serán polvo, y nuestros descendientes no recordarán nuestros nombres. Nadie bailará las canciones que acompañan nuestras borracheras, y los colchones donde follamos serán la podrida casa de alguna rata. Si algo queda de nuestro recuerdo, será una línea perdida en algún archivo que sólo los más obsesivos estudiosos de la Historia leerán de pasada mientras buscan referencias sobre algún otro cadáver más importante que los nuestros. Dentro de doscientos años seremos nada, y mis manos no tendrán piel ni tendones para aferrarse a tus muslos, tu pelvis estará hecha añicos y tu esqueleto no tendrá una cintura que balancear contra la mía. Dentro de doscientos años todo lo que hagamos hoy se habrá olvidado, pero esta noche, esta noche en la que aún tenemos carne y ganas, no nos la quita nadie.

