Dicen que el remedio contra la nostalgia es centrarse en los defectos, y así lo hice. Comencé por llamar a la memoria tus dientes descolocados, tu dentadura de niña que renunció al aparato para hacerse experta en besos y sonrisas, y cuando ya casi me había perdido en el modo como me mordías los labios tuve que desviarme hasta tu nariz quizá demasiado grande, que me era muro de contención y lamentaciones, tu nariz que encogías al reír y ya no me valía y me refugié en tus pezones puntiagudos que se convirtieron en trampa, huí hasta tus pies fríos como témpanos que me despertaban sobresaltado cuando querías jugar y de allí volví a escapar, uno a uno recordé cómo amaba cada una de tus imperfecciones hasta que, derrotado, recurrí a tu mayor defecto, a lo único de ti que nunca he querido: tu ausencia.


gracias por compartir tus textos…
feliz 2012!
Gracias a ti por leer, Frank. Un texto sin lector es sólo medio texto.