Inmaculada me miras, María me llamas, Magdalena me besas, y ya has sido tú distinta tres veces, pero con la primera me basta. Mírame y yo me desnudo, sígueme mirando y perdonando mis defectos y los pecados que cometo en ti. Que sea yo quien te arranque el suspiro, que sea yo quien haga temblar tu cintura, yo quien te penetre, te muerda, te llore. Sé Inmaculada aun con mi mancha, y alejémonos los dos sin culpa, sin que nos vea el padre de tu hijo.


Has vuelto
)))
Me gusta todo y lo supera el final.
Gracias por compartirlo y no desaparezcas otra vez.
Un abrazo. Teresa
Tienes la habilidad de hacer bailar las palabras en una danza erótica.
Un placer reencontrarte.
Besitos y Felices Fiestas (con o sin esposos)