Me voy a ir como los grandes, decía el muy gilipollas en su carta, pero apuesto a que el dueño del Toledo contra el que se reventó no piensa lo mismo. Ni los técnicos del Samur que lo encontraron boqueando como un pez, con los brazos destrozados y el fémur atravesándole el hígado, porque en plena caída cambió de idea e intentó protegerse poniendo manos y piernas por delante. No le salvó la vida, sino que convirtió lo que habría sido un simple golpe que hubiera esparcido sus sesos por media calle en un cuarto de hora de agonía y vergüenza. Pobre diablo; ni ese plan le salió bien.


….
quién es ese prodigio de suicida?
Me alegro de tu vuelta.
¿Qué pasó con ese proyecto tuyo que tenía forma de libro? No olvides que algunos lo estamos esperando.
Espero que no vuelvas a dejarnos otro montón de meses.
Besitos desde aquí.
Интересная статья. Спасибо!