Victoria
Enero 15, 2008 por betote
La guerra había terminado, por fin, tras mil años, un instante; el tiempo no existía aún, y la ciudad de oro y marfil celebraba la victoria sobre el rebelde Lucifer y sus seguidores. Se cantaron elegías por los leales caídos, y se colgaron las cabezas de los atacantes muertos de las murallas de Metrópolis.
Samuel se detuvo a mirar una de las cabezas. Los cabellos rubios estaban teñidos de sangre, y el rostro antes perfecto ahora estaba contraído en una mueca, pero aun así reconoció sin lugar a dudas a Cruciel, su compañero, su amigo, su víctima.
Atravesó las grandes puertas de la ciudad de los ángeles y vagó, dejando que sus pies lo llevaran adonde ellos quisieran, mientras se retraía al momento en que todo cambió, cuando Luzbel se acercó a ellos con sus dulces palabras, sus promesas de libertad, de justicia, palabras que calaron en los oídos de Cruciel, que lo embelesaron y le hicieron seguir al Dador de Luz. Samuel los vio alejarse entonces, sin pensar más en ello. Confiaba en Dios y sabía que los proyectos de Luzbel nunca llegarían a buen puerto.
Poco después estalló la guerra.
Las murallas de Metrópolis estaban siendo asaltadas. Todos los ángeles tomaron sus armas y se prepararon para la defensa. Fue una batalla encarnizada, ya que los contendientes de ambos bandos eran seres perfectos, de pura luz, y sólo la casualidad o la ventaja del terreno podían causar alguna herida. Samuel estaba en primera línea, blandiendo su lanza de luz, esquivando las acometidas de los rebeldes, moviéndose con la gracia del que domina el arte de la guerra. Oyó la pisada a su espalda, el pie que se apoyaba con más fuerza para asestar el mandoble; girarse y embestir con la lanza, todo fue uno. La sangre le manchó la túnica y contempló el rostro sorprendido de Cruciel mientras se le escapaba la vida.
Abrumado por estos recuerdos, no se fijó en el camino que seguía hasta que se vio al borde del precipicio. Miró hacia atrás, hacia la ciudad que había defendido y por la que había dado la existencia del ser que había sido su amigo, su compañero, su amante, y siguió caminando. La caída fue larga; le habría bastado con extender las alas y remontar el vuelo.
Con eso le hubiera bastado…


Muy bueno, Beto.
Es una lástima que casi siempre tires hacia el lado oscuro o triste de los hechos, porque en algunos post “alegres” tambien se te ve en buena forma. Pero aún así, incluso estos post los bordas.
¿Como llevas el libro?
capichi ?
No me llames victoria, llámame viky…..
Discrepo con lo que ha dicho Kano… “Es una lástima que casi siempre tires hacia el lado oscuro o triste de los hechos…” ¿Acaso no sabes, querido, que la mejor literatura nace siempre de la pérdida, que los niños no aprenden a decir “mamá” hasta que no la ven?
Beto, por favor, no abandones el lado oscuro. Te sienta tan bien…
Es verdad que suelo tender a los finales “tristes”, más que nada por falta de talento para otra cosa, y también porque mi concepto de historia alegre es un poco raro…
Pero bueno, intentaré (intento) hacer un poco de todo, aunque la cabra tire para el monte.
La novela está escrita. Concretando más, la novela está dispersa en un montón de papeles que, unidos en el orden correcto y dándoles un último repaso para evitar altibajos de estilo, forman un todo. Ya veremos en qué acaba la cosa
Hola!
Leí tu nombre entre los comentadores del blog ciegaacitas y al rato me di cuenta que también habías dejado hoy un comentario en el mío. Veo que compartimos la lectura de algunos blogs… feliz coincidencia. ¡Hasta el próximo encuentro! L
Muy caro el precio de la victoria cuando los iguales deben aniquilarse…