Gracias por tu sudor y tus lágrimas. Gracias por los altares levantados con sangre y cuerpos que has erigido, por tus amores perdidos, por tu dolor y tu ira. Gracias por tu muerte, por tu agonía y la traición que te llevó a ellas, por repetirlas una y otra vez para mi placer. Gracias por sangrar en tinta sobre papel, gracias por tu no existencia de desdicha eterna que me entretiene junto a un café las tardes de lluvia. Gracias te tengo que dar, amigo, por haberte dejado escribir una vida que me permita distraerme de la mía durante unas horas.


Gracias a ti por lo mismo, más que nunca tiene sentido la letra de esa canción de mi “admirado” Drexler:
“Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da…. nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde… todo se transforma”.
Los que te leemos aprovechamos de ti exactamente lo mismo y nos distraemos de lo que nos agobia durante muchos minutos.
Gracias… Betote, por haberme permitido escribir
en tu Blog. Te tengo en gran
estima.
la pregunta es: ¿aprendistes del héroe?