Con una pistola en cada mano, disparando al techo y mirando sonriente a sus rehenes, no pudo dejar de sentirse realizado; había llegado al momento más alto de su vida y era inútil dejarse amilanar por la falsa modestia o la erótica del poder. Se sabía superior a todos los que se encontraban tumbados boca abajo, con las manos en la nuca, frente a él, y no por algo tan nimio como las armas o la violencia. Desde niño, siempre había querido ser atracador de bancos; sin embargo, estaba seguro de que ninguno de sus rehenes sería nunca astronauta o princesa.


Vaya, has vuelto, que sorpresa. Buenaño.
Gracias caballero, igualmente
A fuer de ser sincero con uno mismo (¿con quien mejor si no?), mejor buscarse un sueño realizable a uno al que jamás podremos optar, por mucho que luchemos, cuentos de princesas aparte.
Gracias por el consejo.
Besos de una maia.
Una vuelta de tuerca a la importancia de seguir a los sueños… señor betote, siempre un placer volver a leerlo.