Tan ocupado estaba forjando su espada, ciñéndose las armas, entrenando sin descanso para ser imbatible en combate, tan inmerso en sus preparativos, tan concienzudo en su empeño, que al cabo todo lo demás dejó de tener sentido. Pronto se convirtió en el más valeroso príncipe guerrero de todo el imperio. Montó en su blanco corcel y partió en pos de la que habría de ser su mayor aventura. A mitad de camino cayó por fin en su error: se había centrado tanto en ser el perfecto caballero que había olvidado que no se había enamorado de la princesa, sino del dragón.


Tal vez le fue mejor con el dragón…Las princesas a veces pueden ser muy difíciles, y peligrosas.
Interesante tu blog. Volveré
Saludos.
bueno, el dragón seguro que es más caliente que la princesa, jajaja
Pues tendrá que vérselas con el asno de Shrek.
Jajajaaaaajajajajajajajaaaaaa XD
Muy bueno!!! XD
Habra entonces que asesinar la princesa y casarse con el dragón.