Para los amantes de los rompecabezas, este fragmento continúa el monólogo de Primera página, otra vez. Pasad un lunes lo más inofensivo posible.
[...]En mitad de esa ciudad, que es demasiado grande como para limitarla llamándola infinita (¿lo ves otra vez?), un edificio, la sala del Trono Eterno, que no es sólo el centro de la ciudad, es el centro de todo, de todo lo que puedas imaginar. Y, por supuesto, es más hermoso, mas grande y tiene más columnas que todos los demás.
Y entonces, sin ningún aviso, rompiendo el silencio, un Gabriel de cara descompuesta huyendo de aquel lugar, mitad volando mitad corriendo, un: “¡No está! ¡No está!”, y todos los demás ángeles mirándolo, sin saber aún si asustarse de él o de lo que grita
gracias y, ¿nos puede traer también… qué quieres? Sí, un poleo menta, por favor
claro que se refiere a Dios: ha ido a buscarlo a ese edificio, donde se suponía que iba a recibir un mensaje, y no lo ha encontrado. Se siente perdido, imagínate que su única misión era entregar mensajes, y hacía ya tanto tiempo que no entregaba ninguno cuando lo llaman, más bien siente que lo llaman y allí se dirige, el corazón lleno de alegría por ser útil una vez más y después… No hay nadie. Pero se podría decir que sí que está cumpliendo su misión. Su miedo, su desesperación mientras huye como el que ha visto el fin del mundo y cae sobre el suelo de mármol, manchando ese blanco impoluto con sangre y plumas revueltas, es un mensaje tan bueno como cualquier otro.
En ese momento, cuando Gabriel está tendido en el suelo y nadie sabe si vivo o muerto, empiezan a acercarse los ángeles a él, uno a uno, como cuando un vagabundo se desmaya en mitad de la calle Preciados, con ese miedo a que, si el bulto del suelo se revuelve y los toca, les contagie su pobreza o su desesperación. Unos, los menos, se acercan por ver si pueden ayudar en algo, y la mayoría simplemente se acerca por ver. La calle se llena de los murmullos morbosos de los ángeles que miran al moribundo mientras intercambian comentarios compasivos o condenatorios, porque todo eso es mucho más fácil que agacharse junto al cuerpo, tomarle el pulso y darle un vaso de agua. Valientes hijos de puta estos ángeles que he ido a escribir [...]


Querido Betote.
No recordaba yo esa aparición del árcangel Gabriel, el ángel de la misericordia, el ángel de la anunciación a la divina Madre.
¿Y dónde están los serafines y los querubines?.
Y ya puestos a pedir perfección, este relato debía haberse “posteado” un día 24.
Más cosas: En “Preciados”, los vagabundos no se desmayan, viven.
Y para finalizar: No está mal del todo este relato que mezcla cotidianeidad y literatura mesiánico-visionaria con tintes barriobajeros.
Te seguiremos leyendo.
Si es que estos ángeles son todos unos patosos. Especialmente mi ángel de la guarda, que nunca aparece cuando le necesito, aunque es un buen compañero de poker.
Los ángeles, esas criaturas repelentes de tan perfectas,siempre mirando por encima del hombro,con las naricillas fruncidas en un gesto de asco.Me alegro de ver que Gabriel cae, con un gesto descompuesto y las plumas desordenadas,como cualquier pollo
Groucho, el leismo delata a un madrileño.
Se dice: –cuando “lo” necesito–.
Con cariño.
Señor Nadie, líbreme Dios de cuestionar sus conocimientos gramáticales, pero es que no tiene usted ni puñetera idea.
“El leísmo es un rasgo característico del dialecto castellano y de algunas otras formas dialectales, a las que la Real Academia Española considera actualmente vulgares, aunque es de hecho la forma estándar en buena parte del territorio peninsular y en varias regiones de América. El dictamen académico se ha morigerado recientemente, y se considera aceptable la forma leísta cuando el complemento directo de la acción es un ser animado de sexo masculino; así le vi [a Juan] se tolera, mientras que *le vi [a Inés] o *le vi [al buque] no.”
http://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%ADsmo
Además no soy de Madrid, así que le recomiendo que no se dedique a la adivinación o quiromancia. Pruebe a leer los posos del whisky, como yo.
P.D. Le ruego que no se moleste, ya sabe que mis comentarios son siempre en tono jocoso y sin ánimo de ofensa.
Sr. Nadie: no quise andar con monstruos de alas cubiertas de ojos y demás guarrerías, así que lo dejé en “ángeles”. Y si a algún querubín le molesta verse simplificado, que me demande. Por otra parte, en la calle Preciados uno puede ver muchas cosas si observa el tiempo suficiente.
Groucho: Pruebe ud. a jugar a mus con su ángel. El póquer está pasado de moda.
ro: sádica
Veo por aquí cierta animadversión a los ángeles que me disgusta…
Un poquito, Betote,sólo un poquito….lo justo
Maine: nada más lejos. Los ángeles son tan fascinantes como la mente de quienes se los imaginan, y hay mucha gente imaginándolos.
ro: pues te animo a serlo algo más.
Señor Groucho, no me molesto, faltaría más. Lo mio fue táctica de zorro viejo. Quería saber si es usted de Madrid, y amablemente me ha contestado. :p
Gracias.
Ángeles y menta poleo…
No esta mal la mezcla, mejora con una rodajita de limon, pa mi gusto…
Saludos azul intenso!!!
Es cierto. Es tremendo tener un mensaje, cualquier mensaje y no encontrar a quién entregárselo. Por eso queridos niños es mejor no ser el mensajero que siempre, por una u otra causa termina pagando el pato, el pobre angelito.