Ayer, 4 de marzo de 2008, murió Gary Gygax en su casa de Lake Geneva a los 69 años de edad.
La noticia se reprodujo en foro tras foro mientras miles de personas en todo el mundo agachaban la cabecita pensando en la primera vez que cogieron un dado con más de seis caras. Quizá no fuera un padre, pero sí ese tío lejano, simpático y cascarrabias, al que rodeaban los niños en todas las fiestas familiares mientras le pedían que jugara con ellos. Solo que, en el caso del tito Gary, muchos de esos niños pintaban ya canas.
Su estilo fue muy peculiar, su prosa “gygaxiana” amplió el vocabulario de multitud de niños, añadiéndole polisílabos y nombres de armas de asta en francés, y armado de lápiz y papel cuadriculado creó lugares a los que sólo los más valientes se acercaban. El Templo del Mal Elemental, la Tumba de los Horrores, el Castillo de Falcongrís han visto más aventura, más valor y más risas que ningún lugar a este lado de la hoja de personaje.
No fue un hombre perfecto, y no se salvó de polémicas, rencores ni miserias. Vio cómo su creación se le escapaba de las manos, cómo se le echaba a patadas de la compañía que ayudó a crear, pero aun así siguió jugando, acercando a más niños de todas las edades a su mesa.
La muerte de este hombre que nos ha ayudado a tantos a sonreír durante más de treinta años ocupa en los periódicos, con suerte, una pequeña reseña en una esquina, perdida entre anuncios de coches y un mapa de España con nubes y soles dibujados. Por lo visto, hay otras cosas mucho más importantes.
Tiremos 3d6, seis veces. En orden. Y sigamos jugando.
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